Querida Vida y sus secuaces:

Hoy me despierto temprano y el mundo me da una lección de humanidad y de conflictos sin resolver que se me ponen los nervios de punta, mientras paseo y compro el pan, y la gente duerme a la interperie en un país de supuesta libertad, con los “supuestos” mejores derechos y deberes que existen, o eso dicen en la tele.

Y yo me pregunto, mientras recuerdo que ayer fui a comprar el pan y un niño lloraba por un cartón de leche, que su madre no pudo comprar, a falta de 40 céntimos (evidentemente no pude resistirme a tal secuencia): ¿qué derechos y qué deberes son los correctos? ¿Porqué me da derecho el que otro no tenga derecho? ¿Qué importancia tiene todo si ves a un niño llorar? ¿qué futuro nos espera de ellos? ¡Estaremos en sus manos algún día! ¿Cuánta gente tiene pensado hacer algo mejor?

Creemos que tenemos derecho sobre otros, pero, qué equivocados estamos.

A veces nos olvidamos que somos libres y que somos capaces de hacer cosas maravillosas por y para este mundo en el que nos ha tocado vivir, pero no, no somos ni la primera parte de lo que podemos ser, ni la mínima parte de lo que podemos ayudar para que exista la Paz en el mundo, ni siquiera, somos la “migaja” que decimos que somos.

Dudo de la voluntad que el ser humano tiene por naturaleza. Dudo del lenguaje que hemos creado para comunicarnos, porque se siguen viendo conflictos que matan a inocentes, niños desolados con las lágrimas cayendo a sangre viva, esperando crecer para vengarse de lo que sus ojos un día vieron. Veo hombres de miles de colores con los puños cerrados y los dientes apretados gritando: “por favor, que acaben con esta guerra los que nos tienen así” , “que el gobierno pare la miseria y nos dejen vivir en paz” , “qué importa de qué religión somos, si nosotros no somos radicales”… Y así infinitas voces gritando desesperadas, abriendo auxilio a los que, como títeres, nos mueven a sus anchas… Y encima nos quejamos…

Nos vestimos de palabrerías y de hechos que no van a ningún lado, criticamos al de al lado, sin ni siquiera preguntarle si le ocurre algo, si su vida es una “mierda contemplativa” o simplemente “me quejo porque todo el mundo lo hace” y “ya lo resolverá otro”.

¡Señores!

Que el que es pobre, no pidió serlo, lo hicieron ser. Que al niño que delante de sus narices, mataron a su hermano y a su padre, no tiene desarrollada la maldad suficiente para vengarse (aún). Que el que duerme en los cajeros, espera un simple “buenos días”, “buenas tardes”, “hasta luego”, y tener una comida al día para susbistir, de un país dominado por la democracia impopular y malcriada que nosotros hemos sembrado, y que el que trabaja todos los días, pide que no lo torturen, mientras pisan sus derechos, los humanos, que dicen ser los “de arriba”.

Quizás siga pensando que el mundo tiene una oportunidad de Paz, sólo si el hombre quiere recogerla. Reflexionemos: esto acaba de empezar; el día tiene 24 horas, pero una vida ¿cuánto tiempo dura? ¿qué vas a hacer hoy?

“Siempre  pensaré que hay una razón para vivir (de verdad).” P.López.C.

Patricia López Castillo. 17-11-2015

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