Hoy me he reído un montón con los cómics de “historia de una volátil”. Cuando veo las fotos lo primero que me viene a la cabeza, son mis amigas. Después, todas las mujeres del mundo que pasan o han pasado por mi vida y que están cerca de los 30 años, o ya los han cumplido, incluso los superan, y por supuesto sin olvidar, a los hombres que han visto las tiras cómicas.

Tengo amigas más pequeñas que yo, más grandes, con novio, con novia, sin hijos, con hijos adoptados, con perros, con gatos, con hamster, agapornis, casadas… Algunas ya tienen un hijo, aunque otras tienen dos y un tercero de camino. Siguen siendo las señoras, a pesar de no haber alcanzado la “edad maldita” y no verse afectadas por ella, ya que están felizmente “emparejadas”, que a mi entender, es un nombre feo, y hace de la libertad una mera palabra sin significado. Es por esto que ellas, y ellos, afirman que no les llegará la temida “crisis de los 30” y nos consuelan a los que estamos “volaitos o loquitos” de que el momento que estamos viviendo ahora, es el mejor, nuestro mejor momento para aprovechar nuestra vida, nuestro cuerpo y cuidarnos (que a esta edad ya es un reto) que ellos, si puedieran, lo hubiesen hecho también. Entonces ¿cómo tomarnos esto? Algunos “agentes externos” a esta situación y sobre todo si no les concierne ni en parentesco ni en ningún vínculo afectivo pensarán que son celos, envidia, o algo parecido. En este apartado me rindo por pensar que es amor hacia nosotros con una pizca de compasión, pero siempre sin maldad, y traspasando las fronteras de lo incondicional. Porque un amor así, a pesar de que algunas veces empiezan a surgir diferencias de pensamiento, es difícil de explicar. Con los amigos están los momentos de lágrima fácil y de carcajadas en los pies. Y esto, no lo paga nadie con una sucia moneda. Porque el amor es puro, venga de donde venga. Y los solteros, tenemos suerte de tenerlo así también, porque es amor que también te llena. Y lloras como una “descosía” cuando tu amiga más pequeña se casa (no por envidia) sino porque para ella es su felicidad. Y vuelves a mirar al cielo respirando, cuando se casa otra, y cuando tienen un niño, y los ves juntos y piensas -es feliz, me hace feliz-.

Así somos los que estamos en esta fecha, a día de hoy, “chiflados” ante una sociedad arcaica y llena de complejos. Y estos complejos, intentan tatuárnoslos en la piel de tantos hombres y mujeres que cada día luchan por su futuro, y que son felices a su manera. Que la vida les ha dado un tiempo distinto, un saber distinto, y un conocer o una visión de manera diferente a raíz de experiencias y situaciones vividas de otro modo. Y yo os pregunto: ¡Qué mas da si estás soltero o soltera! ¿Acaso no hemos vivido? ¿Acaso hay que arrepentirse y postrarse ante una cruz divina pidiendo perdón por vivir? Simplemente vive y sé feliz contigo mismo, y algún día habrá alguien  de quien no puedas despegarte ni un momento o simplemente vivas contigo y con el mundo. ¿Y eso cómo se consigue? Con la libertad. Sin la posesión. Con el amor. Sin miedo a amar y tirándote por el puente de su corazón siempre que lo veas aparecer.

Recuerdo pasar horas enteras aconsejando (quién era yo) a mis amigos, sin preocuparnos de qué sería de nuestras vidas. Y de ahí hasta hoy: son unas madres “volátiles” pero valientes, unos padres con “dos dedos de frente” a pesar de sus éxitos y fracasos, con pañales en los bolsillos, tostadas para su pareja y un zumo de naranja, por si alguna “lagrimita” cae. A ellas, no les falta un pintalabios rojo en su bolso para recordarse a sí mismas quienes son, y ellos, se recuerdan a sí mismos con un buen afeitado o una barba al “gusto” para no perder el rumbo. Ese mismo consejo ronda ahora alrededor de los que vivimos solos y estamos en la soltería; ser como uno es depende de muchas cosas y no vamos a cambiar, sino mejorar día a día para ser mejor persona.

En normas generales, al parecer y a día de hoy, todas las mujeres solteras a partir de 30 años y todos los hombres solteros, tienen “tara”. O sea, que somos la estirpe que se perdió en la sociedad por dos motivos (que siempre son los mismos): nos quieren emparejar con cualquiera porque nos vamos a quedar “solos” y “moriremos en la penumbra de la vejez”.

A partir de aquí, vienen los análisis, los pros, los contras, el estatus, a qué se dedica, qué hace en su vida privada, es “buen partido”, la música que le gusta, si hace deporte, si tiene casa, recompensa… ¡Basta ya! No somos conejillos de indias, y me niego a que nadie me investigue como si lo fuera. Es más, todos tenemos que negarnos. El ser humano tiene una tendencia fascinante e inevitablemente caótica para encontrarle respuestas a estas preguntas. Somos capaces de averiguarlo todo, hasta dar en el clavo, para luego salir por patas porque me da “vértigo” conocer más, a esa clase de mujer o esa clase de hombre.
Señores de este mundo, no podemos pretender que con la vida que llevamos, seamos “ángeles” y estemos todo el día “sonriendo a la nada”. Ni podéis prentender que todo el mundo nos “caiga bien”, que no nos molesten los “malos modales”, que corrijamos palabrotas o incluso faltas de ortografía. Suena a pedantería -dicen-. Pero ¿qué hacemos? Hombres y mujeres del mundo: ¡qué hacemos! A todos se nos escapa un “vientecito” (bello nombre para un pedo). Las mujeres, “Sí cagan”. Todos nos levantamos con los pelos alborotados (unos con más y otros con menos). Hay días que incluso no nos apetece hablar o no callar (que también sucede), al igual que a los hombres. Y que sí, se arrascan los “cataplines” cuando están solos y algún día, ¡lo harán delante de nosotras! Que nosotras soltamos pelos en el lavabo (hay que recogerlos), que ellos dejan la taza del váter lentada, y así, puedo estar poniendo ejemplos hasta que me muera, pero no sin preguntar, ¿es que no hay cosas más importantes?

Nos pasamos las veladas, citas, o “tapeos” intentando sólo, caer bien a la otra persona, cuando sabemos sinceramente, que va a llegar el momento (si llega), que te van a conocer tal y como eres, y como dice mi madre “quien nace lechón, muere cochino”. No podemos estar todo el día “agradando” al personal. Somos lo que somos, y eso es lo bonito, lo natural. Digan lo que digan, eres como tú solamente puedes ser. No hay nadie así, si te gusta la música punk, pop, rock, etc., te gusta esa, sino te gusta ir a la montaña, no te gusta, no intentes agradar. Si algo no te gusta, no te gusta y punto. Porque el amor (eso creo yo) se basa en la complicidad, el aprendizaje juntos y la comprensión mutua. En definitiva: hay que recrearse más con la sinceridad y tomarse la vida más en “serio” con la verdad por delante y una sonrisa por bandera.

Pd: ¿El soltero/a es una especie en expansión? (Otro capítulo en wordpress)

Patricia López. 03/01/16

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