A pie de Guerra y ¡Salud!

Ellos, al pie de guerra,
Yo a pie de la Salud,
ustedes la manejáis,
al servicio, siempre fuerza,
un paso en falso, uno adelante,
según ejerza,
¡os levantáis!
-¡Protegéos mis valientes!-
-¿Con qué mi capitán?-
¡Bolsas de plástico soldado!
Cúbrase: cuerpo, cabeza y manos
¡Que nos crecen los enanos!
Y en el circo, como escudero,
portafolios de sombrero, entretanto.
-¿Y para la boca?-
Una dosis antihisterismo
para callar ahora mismo
a los gobernantes
y ricachones,
que vienen al hospital
con victimismo,
y la cartera bien engordá.

Y Don Dinero se regodea
desnudo, frente a Naturaleza,
deudas al descubierto
¡no se salva ni el alcalde!
A carcajadas se ríe,
de todos los del pueblo,
la historia se refleja;
el vivir a su Manera.
Anda y calla
-le dice la Madre-
Tú no sirves para Nada,
Con dinero o sin dinero
bolsillos de tierra
y boca cerrada,
pies enjutos a la alborada
algún día serás mío,
como todos, en este Planeta.

El miedo interrumpe las calles,
el silencio se estremece
los sueños cantan bajito
y los Valientes
juraron por nuestra bandera
protegernos en su trabajito.

Ni colores, ni palabras,
muerte y recuerdos,
vida, después muerte.
Política entre caos,
pérdida de tiempo
entre vahos;
¡Acercáos!
Dios, Alá y Yahveh
reparten suerte por doquier.

Pd: Coronavirus 2020, por si no estoy, que la historia os salve a los que venís detrás.

1 de marzo de 2020

Patricia López Castillo.
@poetisaenredada

“Yo ya me he acostumbrao”

Lo primero que escucho cuando salgo a respirar un poco de aire a la ventana, una hora antes de salir a aplaudir al balcón.

Y es que, después de levantarme, lavarme la cara y prepararme un té, hacer unos estiramientos de yoga y llevar un día entero escribiendo, estudiando, leyendo, inventando y escuchando a los vecinos en todas sus fases diarias, me alegra (dentro de la situación) escuchar risas en el balcón.

Es posible que a los del Sur, y España, nos pique el gusanillo y  tengamos ganas de salir a las calles para que nos de el sol en la cara y nos refresquemos con una “servesita” (al más estilo cordobés).

En ocasiones del día, sobre todo cuando cae la noche, se hace muy duro. Principalmente al recordar a los familiares que están lejos y están viviendo situaciones muy difíciles, tales como estar al pie de urgencias y sin material de protección; muertes en solitario;  entierros o incineraciones retrasadas y sin poder acudir a los mismos; confinamiento en soledad, etc. Esto hace que crea en la humanidad, en darle importancia a que aún se puede despertar, y despertaremos de una terrible pesadilla. Apartando las discusiones de los vecinos (ya se empiezan a pelear), disputas políticas que no llegan a ningún acuerdo, un sistema insostenible que ya no se sostenía antes de la pandemia y un virus que suma contagios (y los que no nos cuentan), resulta que los mayores y los niños nos siguen educando sin querer.

Ocurre cuando me asomo al balcón y una nieta saluda a su abuelo diciéndole:- ¡Abuelo, te quiero!-. A este, se le saltan las lágrimas con una sonrisa en la boca y le contesta: -ya mismo nos abrazamos nieta mía-. Y esto es lo que me llevo, desde el confinamiento en mi apartamento, después de quince días.

Sé que cuando vuelva a salir hoy al balcón a aplaudir, encontraré sonrisas. Vecinos que brindan ánimos con canciones de Sobreviviré de Mónica Naranjo, Resistiré del Dúo Dinámico, entre otras, y de esperanza, como A un par de metros de ti de Funambulista, recién estrenada hoy.

Un momento humano, donde cada vecino y vecina se preguntan por el bienestar y la salud, las noticias y lo que dicen los políticos, o cuánto tiempo llevan sin ir al mercadona, incluidas bromas cómo: -¿has vuelto a comprar papel higiénico (jajajaja)? Y esto es lo que nos hace grandes, no el miedo. Sino el apoyo y la solidaridad, el estado de ánimo y la compresión, al fin y al cabo, la comunicación y el amor.

Así, ojalá sigamos así: compartiendo cultura en los balcones; haciendo llamadas, sobre todo a aquellas personas mayores que se sienten realmente solas, porque como decía Orson Welles, “Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Sólo a través de nuestro amor y amistad podemos crear la ilusión por un momento de que no estamos solos”, sigamos estando ahí.

Seguid animando aunque parezca que estamos llegando a la locura, y sí, aunque la locura sea pensar que nos podemos sanar con alegría, optimismo, buen humor y mucha conciencia por la situación de nuestro país, y del mundo entero.

Si me preguntas si es un momento mágico, -sí, y sí- sería mi respuesta. Tan sólo sé que una sonrisa y un buen gesto, ya que los abrazos están en cuarentena, vienen como un regalo directo al corazón, así como el sol, sale todos los días.

Un abrazo virtual.

Patricia López Castillo.

@poetisaenredada

Ventana de Auschwitz (Febreo 2020). Fotografía propia.