Cuantas veces habré escuchado esta contestación, cuántas.

La primera vez fue cuando empecé a bailar al son de la música. Veía en la televisión a las atletas saltar a metros imposibles, nadar a velocidad inhumana, competir en grupos acrobáticos, en bailes de hip-hop ( y, en general, todo tipo de música); y, entre todos los deportes y actividades de ocio al aire libre, el deporte artístico. ¡Qué bonito fue ver a Elena Gómez ser la primera española, campeona de gimnasia artística!

Aún recuerdo que cuando era pequeña mi alimentación se basaba en: “come que no se sabe qué pasará mañana”. Nacida a primeros de los años 80, mis abuelos habían vivido una guerra y mis padres… una guerra entre ellos.

Yo era “gordita” y no digo que le quite importancia, sino que estaba en pleno desarrollo y considero que es una etapa que viví con mi peso, pero mi cuerpo era ágil y atlético; me gusta llamar a las cosas por su nombre, y sí, en aquellos años, concretamente de los 8 a los 11 (más o menos) tenía la cara redonda de un pan rico, o una torta exquisita, y es que, sinceramente, me gustaba comer, me gusta, y me gustará siempre.

El problema empezó cuando la primera vez dije en mi casa que quería ser, y dedicarme a bailar y al arte, a enseñar y ser “profe” de Educación Física, algún día. En aquella época, y ahora también, quería conocer y practicar todos los deportes posibles, pero tuve un handicap, un intruso que me hizo caer en comer y dejar de hacer deporte en un poco tiempo; mi padre. No hay otra cosa que recuerde que me duela más: “tú estás gorda, no puedes hacer deporte”. ¡Yo era una niña! La figura más importante de mi vida me había roto el corazón, el alma, la dignidad…

A pesar de mi pena nunca dejé de creer: me escondía en mi cuarto a bailar y simulaba bailes con cintas de patinaje artístico, me compré unos patines y creía ser uno de los cisnes de Tchaikovsky, interpretados en algún teatro, entre otras ilusiones.

Un día me llamaron para bailar en un grupo de Alcalá la Real. Mi profesor me hizo unas pruebas antes y sí, querían que yo fuera una de las bailarinas. ¡Siempre fue mi sueño! Pero no, no hubo manera. Yo estaba demasiado gorda (mentira) y mis padres demasiado peleados para ocuparse de la felicidad de su hija. No les reprocho nada, tan sólo fueron malos momentos, pero a mí me arruinó una trayectoria recta.

Sinceramente, no cambio mi rumbo a día de hoy. Sé que he aprendido muchísimo y,  a pesar de todo, siempre fui profe de baile, bailé, hice deporte y, de hecho, me dedico a ello a día de hoy y seguiré difundiendo los valores que ofrece una actividad física y psíquica, al mismo tiempo artística de lo que es el movimiento del cuerpo y su expresión.

Hoy he acabo mis últimas prácticas de Cuarto Grado de Educación Primaria y he visto como mis alumnos y alumnas de sexto, aunque ellos no sean conscientes, les brilla los ojos, la sonrisa y las ganas de bailar. La gente no es consciente del efecto tan grande y favorecedor que tiene la música y la expresión corporal y, los maestros y maestras, junto con otras áreas, estamos cada día inventando para que los alumnos progresen desde su interior y puedan expresar lo que sienten.

También, dejar claro que los niños, con el fútbol y otros deportes más cooperativos, pueden ser entrenadores y, algún día, quizás, les guste enseñar como a mi tutor y a mí todo lo que conlleva educación física (más allá del físico y del fútbol), pero… ¿Y las niñas? Esas, que como yo les gusta enseñar e incluyen la expresión corporal en sus vidas… ¿Por qué guiarlas a otras cosa si lo que les gusta es correr, saltar, subir por montañas, bailar o, darle patadas a un balón?

Hay muchos puntos de vista en este tema. Muchos párrafos sin terminar. Muchas niñas con sueños, y niños, que también les gusta bailar y la sociedad les ayuda a “ser machotes”. Hay mucho que trabajar y, el principio está en no etiquetar, en no discriminar, en no tachar de no tú porque… Hay que ver la posible evolución de cada individuo y enseñar a que unos, seremos mejor en unas cosas, y, otros, en otras. A que unos nos desarrollaremos más en algo que en otra cosa, y viceversa, pero, NUNCA, NUNCA, NUNCA, OLVIDAR, QUE TODOS TENEMOS ACCESO A SER Y A CONOCER, A PROBAR Y A HACERLO DE LA MEJOR FORMA, A DIVERTIRNOS CON LO QUE NOS GUSTA, A LLEGAR A SER LO QUE QUEREMOS SER, Y, SOBRE TODO, A QUE LOS LÍMITES ESTÁN EN LA SOCIEDAD, Y, A VECES, LLEGAN A NOSOTROS DE QUIEN MENOS NOS ESPERAMOS.

Añadir, por último, que he hecho todo tipo de deportes, soy profesora de aerobic, bailes, etc., y no se me ha resistido ningún baile ¡incluso cumplí mi sueño de bailar en los escenarios! Además, tuve la oportunidad de vivir una temporada fuera de España en una de las mejores universidades de la rama de Deportes. Ahora, termino mi carrera con una de las especialidades de mis sueños: docencia en la rama de Educación Física. ¿Es posible cumplir tus sueños a pesar de que alguien te los aplaste?

Con Amor, espero vuestros mensajes.

Pd: Gracias a tod@s los que han estado.

@poetisaenredada

Patricia L-Castillo

23-05-2019

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Papá, quiero ser profesora de Educación Física: “Tú no puedes, eres una niña”.

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