poesía

O saltas en el momento o te empuja el tiempo.

Recorrimos las venas, limpiamos la sangre estancada,

las horas y la piel muertas

enterradas con un puñado de tierra.

Los pies confundidos volvieron locos a la locura;

Caminamos sobre el agua,

bailamos con las ganas y el miedo,

nos bebimos el veneno

y tragamos las cadenas

saltando sobre el pasado.

Tejimos nuestra piel, con piel

y me cerró los ojos.

Le lamí las heridas.

Cerré sus ojos.

Secó mis heridas.

Nos miramos en un espejo:

un abismo que cuenta horas infinitas;

un reloj agrietado por el tiempo.

@poetisaenredada [IG] [FB]

Patricia López Castillo

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Una mañana me levanté con la piel ardiendo. Unas pocas semanas antes estaba asustada, quizás, algunos meses antes, o años, no sé cuando y ahora no importa nada más que el día en el que vivo, el momento en el que estoy escribiendo esto y, por supuesto, el despertar de mi conciencia. Ella es la que me ha llevado a sacar el miedo escondido tanto tiempo atrás.

En la vida te ocurren cosas, cosas que quizás ni siquiera sabes que te están haciendo daño y huyes cuando realmente te estás ahogando. Te enseñan de pequeña o pequeño a que tienes que ser VALIENTE y que no debes o tienes, que tener MIEDO a nada ni a nadie. Ni siquiera te dan el derecho a LLORAR o a respirar y tienes que apretar los dientes fuertemente hasta casi hacerte sangre. Esta sangre se acumula en RABIA, pero sigues sin ser consciente porque es un estado normal: seguir adelante, pase lo que pase. TIENES, TIENES, TIENES, TIENES Y DEBES, PERO NUNCA SER, QUIERES, ELIGES…

En mi caso, me escondía por las noches para que no me viesen llorar y cuando la IRA se apoderaba de mí, empezaba a dolerme la barriga. Entre los síntomas: fiebre, infecciones de orina eternas, espamos estomacales, gases y cólicos sin sentido, o gastrointeritis que, para una niña de 7 años era insoportable e incomprendible. Después, la TRISTEZA se apoderaba de mí, me llevaban al médico y me daban pastillas. Del mismo modo, vomitaba para sentirme mejor y me quedé muy delgada, por allá entre los 11 a 13 años de edad. Nunca supe qué hacer y confiaba en mis padres.

Mis padres, mi padre. Todo lo que yo hacía era por mi padre; cada vez que él actuaba mal, se comportaba gritando a mi madre, a los empleados o a algún miembro de mi familia, a mí me recorría un calambre o latigazo de dolor que iba desde la garganta hasta mis gónadas, llegando a tener incluso irritación al ir al baño. Jugaba a enfermar porque yo sólo quería que las cosas estuvieran tranquilas, de hecho, yo era una niña muy tranquila y feliz conmigo misma. Cada vez que mi padre le levantaba LA MANO a mi madre, una infección; cada vez que le pegaba, una gastrointeritis; cada vez que la forzaba, imaginad dónde estaba mi dolor, al ver tanta rabia en sus ojos.

Ardía por dentro. Y aún sigo sintiendo eso que me causó tanto dolor, pero ahora soy consciente de ello. Recuerdo que iba corriendo a salvar a mi madre llorando y mi padre me cogía de los hombros y me zarandeaba diciendo: ¡que no llores! ¡Las niñas fuertes y valientes no lloran! Y de aquí, de nuevo al médico, con un desmayo en el suelo.

Así mi vida se fue desarrollando en un bucle continuo que consistía en ayudar y salvar a los demás, o llegar a enfermar, sin querer, para que las cosas se calmasen. Y todo lo provocaba mi mente, mis pensamientos y dejaba que me llevasen hacia ese lugar. ¡Yo no sabía que ocurría! ¡No sabía gestionar tantas emociones y problemas en aquel entonces! Por el mismo motivo, la menstruación me vino más tarde y mi desarrollo se vio afectado; las reglas eran muy fuertes y siempre tuve problemas de pérdida de conciencia; el dolor y el estrés, por siempre, estaría conmigo en cualquier situación o problema, y, lo que es peor, mis desmayos en iban a dejarme en shock cada mes, incosciente por unas horas.

Esta historia se puede desarrollar más, aún, de hecho esto sólo es una parte de lo que viene después y del gran final que le espera, que me espera.

Ahora, después de ser consciente y seguir trabajando día a día con ello, lo único que quiero, como parte de la docencia que soy, es ayudar a paliar este tipo de situaciones a los infantes, desde una educación en valores, en comunicación y desde los sentimientos para que ellos se sientan seguros, ya que, el día de mañana (que ya muchos apuntan maneras) sepan gestionarse aceptando la realidad sin avergonzarse de ello. Además, es un tema en el que estoy investigando junto con otras personas especialistas.

Aprovecho para comunicarles a los padres y madres que valoren cada uno de los dolores de sus hijos y que los escuchen, que no los dejen solos y los cuiden de forma afectiva, al mismo tiempo que se informen, aprendan y tengan la mente abierta a este tipo de situaciones, sean las que sean y vengan, incluso en un ambiente laboral (otro tema que desarrollar).

Por úlimo, también aprovecho para decir que hay que diferenciar entre cuidar a los tuyos y salvarlos. Entre amarlos y protegerlos a meterlos en una burbuja para que no vean la realidad. Del mismo modo, tal y como llevo haciendo algunos años, más en los últimos meses, es apoyar a toda la gente a conocerse, a investigar en su vida y a ser conscientes, a abrir la mente desde el DESPERTAR DE LA CONCIENCIA, tan poco valorado.

Y como no somos robots, esto nos hará libres, aunque al principio, DUELA, llegará la calma, la playa, el sol, la luz después de un túnel oscuro y serás más feliz, te lo aseguro, tú, lector que me lees en silencio y ya estás sonriendo porque también hay que llegar al TODO POR MÍ, para estar agusto contigo y aceptar que vivimos una sola vida y no estamos en ella para malgastar el tiempo que se nos ha concedido, sino para DISFRUTAR siendo conscientes, y permiendo ser en cada momento parte de esas EMOCIONES que nos enseñaron a esconderlas.

Y todo por ti, dejando de ser yo, hasta volver a apostar por mí, porque hoy me queda claro que sin mí no estaría aquí.

Espero vuestros mensajitos: Besos de Lopina,

Patricia L.Castillo.

1/junio/2019

Todo por ti; todo por mí.

Minientrada

Cuantas veces habré escuchado esta contestación, cuántas.

La primera vez fue cuando empecé a bailar al son de la música. Veía en la televisión a las atletas saltar a metros imposibles, nadar a velocidad inhumana, competir en grupos acrobáticos, en bailes de hip-hop ( y, en general, todo tipo de música); y, entre todos los deportes y actividades de ocio al aire libre, el deporte artístico. ¡Qué bonito fue ver a Elena Gómez ser la primera española, campeona de gimnasia artística!

Aún recuerdo que cuando era pequeña mi alimentación se basaba en: “come que no se sabe qué pasará mañana”. Nacida a primeros de los años 80, mis abuelos habían vivido una guerra y mis padres… una guerra entre ellos.

Yo era “gordita” y no digo que le quite importancia, sino que estaba en pleno desarrollo y considero que es una etapa que viví con mi peso, pero mi cuerpo era ágil y atlético; me gusta llamar a las cosas por su nombre, y sí, en aquellos años, concretamente de los 8 a los 11 (más o menos) tenía la cara redonda de un pan rico, o una torta exquisita, y es que, sinceramente, me gustaba comer, me gusta, y me gustará siempre.

El problema empezó cuando la primera vez dije en mi casa que quería ser, y dedicarme a bailar y al arte, a enseñar y ser “profe” de Educación Física, algún día. En aquella época, y ahora también, quería conocer y practicar todos los deportes posibles, pero tuve un handicap, un intruso que me hizo caer en comer y dejar de hacer deporte en un poco tiempo; mi padre. No hay otra cosa que recuerde que me duela más: “tú estás gorda, no puedes hacer deporte”. ¡Yo era una niña! La figura más importante de mi vida me había roto el corazón, el alma, la dignidad…

A pesar de mi pena nunca dejé de creer: me escondía en mi cuarto a bailar y simulaba bailes con cintas de patinaje artístico, me compré unos patines y creía ser uno de los cisnes de Tchaikovsky, interpretados en algún teatro, entre otras ilusiones.

Un día me llamaron para bailar en un grupo de Alcalá la Real. Mi profesor me hizo unas pruebas antes y sí, querían que yo fuera una de las bailarinas. ¡Siempre fue mi sueño! Pero no, no hubo manera. Yo estaba demasiado gorda (mentira) y mis padres demasiado peleados para ocuparse de la felicidad de su hija. No les reprocho nada, tan sólo fueron malos momentos, pero a mí me arruinó una trayectoria recta.

Sinceramente, no cambio mi rumbo a día de hoy. Sé que he aprendido muchísimo y,  a pesar de todo, siempre fui profe de baile, bailé, hice deporte y, de hecho, me dedico a ello a día de hoy y seguiré difundiendo los valores que ofrece una actividad física y psíquica, al mismo tiempo artística de lo que es el movimiento del cuerpo y su expresión.

Hoy he acabo mis últimas prácticas de Cuarto Grado de Educación Primaria y he visto como mis alumnos y alumnas de sexto, aunque ellos no sean conscientes, les brilla los ojos, la sonrisa y las ganas de bailar. La gente no es consciente del efecto tan grande y favorecedor que tiene la música y la expresión corporal y, los maestros y maestras, junto con otras áreas, estamos cada día inventando para que los alumnos progresen desde su interior y puedan expresar lo que sienten.

También, dejar claro que los niños, con el fútbol y otros deportes más cooperativos, pueden ser entrenadores y, algún día, quizás, les guste enseñar como a mi tutor y a mí todo lo que conlleva educación física (más allá del físico y del fútbol), pero… ¿Y las niñas? Esas, que como yo les gusta enseñar e incluyen la expresión corporal en sus vidas… ¿Por qué guiarlas a otras cosa si lo que les gusta es correr, saltar, subir por montañas, bailar o, darle patadas a un balón?

Hay muchos puntos de vista en este tema. Muchos párrafos sin terminar. Muchas niñas con sueños, y niños, que también les gusta bailar y la sociedad les ayuda a “ser machotes”. Hay mucho que trabajar y, el principio está en no etiquetar, en no discriminar, en no tachar de no tú porque… Hay que ver la posible evolución de cada individuo y enseñar a que unos, seremos mejor en unas cosas, y, otros, en otras. A que unos nos desarrollaremos más en algo que en otra cosa, y viceversa, pero, NUNCA, NUNCA, NUNCA, OLVIDAR, QUE TODOS TENEMOS ACCESO A SER Y A CONOCER, A PROBAR Y A HACERLO DE LA MEJOR FORMA, A DIVERTIRNOS CON LO QUE NOS GUSTA, A LLEGAR A SER LO QUE QUEREMOS SER, Y, SOBRE TODO, A QUE LOS LÍMITES ESTÁN EN LA SOCIEDAD, Y, A VECES, LLEGAN A NOSOTROS DE QUIEN MENOS NOS ESPERAMOS.

Añadir, por último, que he hecho todo tipo de deportes, soy profesora de aerobic, bailes, etc., y no se me ha resistido ningún baile ¡incluso cumplí mi sueño de bailar en los escenarios! Además, tuve la oportunidad de vivir una temporada fuera de España en una de las mejores universidades de la rama de Deportes. Ahora, termino mi carrera con una de las especialidades de mis sueños: docencia en la rama de Educación Física. ¿Es posible cumplir tus sueños a pesar de que alguien te los aplaste?

Con Amor, espero vuestros mensajes.

Pd: Gracias a tod@s los que han estado.

@poetisaenredada

Patricia L-Castillo

23-05-2019

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Papá, quiero ser profesora de Educación Física: “Tú no puedes, eres una niña”.

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